Abandono y confianza bajo la protección divina

Tú que habitas al amparo del Altísimo, / que vives a la sombra del Omnipotente,/di al Señor: “Refugio mío, alcázar mío,/ Dios mío, confío en ti”.

Él te librará de la red del cazador,/ de la peste funesta./ Te cubrirá con sus plumas,/bajo sus alas te refugiarás:/ su verdad es escudo y armadura./ No temerás el espanto nocturno,/ ni la flecha que vuela de día, /ni la peste que se desliza en las tinieblas,/ ni la epidemia que devasta a mediodía” (Salmo 91, 1-6).

 

Súplica ferviente

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo inmortal, ten misericordia de nosotros.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

 

Comunión espiritual

Yo quisiera, Señor, recibiros con aquella pureza, humildad y devoción con que os recibió vuestra Santísima Madre; con el espíritu y fervor de los santos.

 

La práctica de la caridad

Oh Dios, que enseñaste a tu Iglesia a poner en práctica los mandamientos del cielo con el amor a ti y al prójimo, concédenos que, practicando la caridad a ejemplo de san Roque, merezcamos ser contados entre los elegidos de tu reino. Por Jesucristo, nuestro Señor.