Como hacemos todos los primeros jueves de mes, el día 2 de mayo tendremos nuestra oración ante Jesús Sacramentado de 20’30 a 22.

 

 

Oración de San Patricio

Cristo conmigo, Cristo delante de mí, Cristo tras de mí.
Cristo en lo más profundo de mí, Cristo por sobre de mí.
Cristo a mi derecha, Cristo a mi izquierda.
Cristo en la fortaleza, Cristo en la debilidad.
Cristo en el asiento del carro,
Cristo en la popa del navío,
Cristo en el corazón de todo hombre que piense en mí,
Cristo en los labios de todo hombre que hable conmigo.
Cristo en todo ojo que me vea,
Cristo en todo oído que me oiga.
Cristo en todo. Amén.

 

Cántico de las criaturas (San Francisco de Asís)

Omnipotente, altísimo, bondadoso Señor,
tuyas son la alabanza, la gloria y el honor;
tan sólo tú eres digno de toda bendición,
y nunca es digno el hombre de hacer de ti mención.
Loado seas por toda criatura, mi Señor,
y en especial loado por el hermano sol,
que alumbra, y abre el día, y es bello en su esplendor,
y lleva por los cielos noticia de su autor.
Y por la hermana luna, de blanca luz menor,
y las estrellas claras, que tu poder creó,
tan limpias, tan hermosas, tan vivas como son,
y brillan en los cielos: ¡loado, mi Señor!
Y por la hermana agua, preciosa en su candor,
que es útil, casta, humilde: ¡loado, mi Señor!
Por el hermano fuego, que alumbra al irse el sol,
y es fuerte, hermoso, alegre: ¡loado, mi Señor!
y por la hermana tierra, que es toda bendición,
la hermana madre tierra, que da en toda ocasión
las hierbas y los frutos y flores de color,
y nos sustenta y rige: ¡loado, mi Señor!
Y por los que perdonan y aguantan por tu amor
los males corporales y la tribulación:
¡felices los que sufren en paz con el dolor,
porque les llega el tiempo de la consolación!
y por la hermana muerte: ¡loado, mi Señor!
Ningún viviente escapa de su persecución;
¡ay si en pecado grave sorprende al pecador!
¡Dichosos los que cumplen la voluntad de Dios!
¡No probarán la muerte de la condenación!
Servidle con ternura y humilde corazón.
Agradeced sus dones, cantad su creación.
Las criaturas todas, load a mi Señor. Amén.

 

Visita al Santísimo (San Alfonso María de Ligorio)

Señor mío Jesucristo, que por amor a los hombres permaneces, lleno de amor, en este Sacramento, de día y de noche, esperando, llamando y recibiendo a cuantos vienen a visitarte. Creo que estás presente en el Santísimo Sacramento del altar. Te adoro desde el abismo de mi nada.
Te doy gracias por todos los beneficios que me has hecho, especialmente por haberme dado en este Sacramento tu Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad; por haberme concedido como abogada a tu Santísima Madre la Virgen María y por haberme llamado a que te visite en este lugar santo.
Adoro tu Corazón lleno de amor, en agradecimiento a tan maravilloso regalo, y para desagraviarte de tantos ultrajes como recibes en todos los sagrarios del mundo donde estás olvidado.
Señor Jesús, te amo con todo mi corazón; me pesa haber ofendido tantas veces a tu infinita bondad y propongo enmendarme con ayuda de tu gracia. Yo, pecador, me consagro todo a Ti y en tus manos pongo mi voluntad, mis afectos, mis deseos y todo cuanto soy y puedo. Todo lo uno a tu Corazón lleno de amor y así lo ofrezco al Padre Eterno y le pido, en tu Nombre y por el amor que te tiene, lo acepte benignamente. Amén.

 

Alma de Cristo, santifícame

Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.
Oh, mi buen Jesús, óyeme.
Dentro de tus llagas, escóndeme
y mándame ir a ti
para que con tus santos y ángeles
te alabe y te bendiga eternamente. Amén.

 

¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras? (Lope de Vega)

¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno oscuras?
¡Oh cuánto fueron mis entrañas duras, pues no te abrí!
Qué extraño desvarío, si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!
Cuantas veces el ángel me decía:
«¡Alma, asómate ahora a la ventana;
verás con cuánto amor llamar porfía!»
y ¡cuántas, hermosura soberana,
«mañana le abriremos», respondía,
para lo mismo responder mañana!