Con el Miércoles de Ceniza damos inicio al tiempo santo de la Cuaresma, un itinerario espiritual de cuarenta días que nos prepara para celebrar el misterio central de nuestra fe: la Pascua del Señor.

La imposición de la ceniza, con la que marcamos este comienzo, es un gesto sencillo, pero profundamente significativo, que nos introduce en la actitud interior con la que estamos llamados a vivir este tiempo. Escuchamos palabras que resuenan con fuerza en nuestro corazón: «Convertíos y creed en el Evangelio» o «Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás». Estas expresiones no pretenden entristecernos, sino situarnos en la verdad de nuestra condición humana: somos frágiles, limitados, necesitados del amor y la misericordia de Dios. Este signo, además, nos invita a la humildad, al reconocimiento sincero de nuestras debilidades, de nuestros errores y de nuestras incoherencias. La ceniza no es un gesto vacío ni una simple tradición, sino una llamada urgente a la conversión del corazón, a emprender un camino real de cambio interior.

La Cuaresma se nos presenta como un tiempo privilegiado para revisar nuestra vida y renovar nuestro compromiso cristiano. Es una oportunidad para crecer en conversión, penitencia y oración, tres actitudes fundamentales que nos ayudan a reorientar nuestro caminar y a vivir con mayor autenticidad el Evangelio.

Con este espíritu, nuestra parroquia ofrece las charlas cuaresmales todos los jueves a las 19:00 h, acompañadas de la exposición del Santísimo Sacramento. Estos encuentros quieren ser un espacio de reflexión serena, de silencio orante y de adoración, donde podamos dejarnos mirar por el Señor, escuchar su voz y fortalecer nuestra fe. Invitamos a toda la comunidad a participar, a hacer de estos momentos un verdadero alto en el camino para alimentar el alma.

Que esta Cuaresma sea para todos un tiempo de gracia y renovación que nos ayude a caminar con esperanza hacia la Pascua, dispuestos a dejarnos transformar por el amor de Dios y a ser testigos de su misericordia en nuestra vida cotidiana.

“Vuelve al corazón. Ahí te espera Dios”