Cada año, el 19 de marzo, la Iglesia celebra la Solemnidad de San José, esposo de la Virgen María y custodio del Señor. Su figura, discreta y silenciosa, sigue hablándonos con una fuerza sorprendente. No pronunció grandes discursos ni realizó gestos espectaculares; simplemente escuchó, confió en Dios y cuando comprendió lo que el Señor le pedía se puso en camino.

Ese mismo día celebramos también el Día del Seminario, una jornada de oración y apoyo a quienes se preparan para el sacerdocio. El lema de este año, “Deja tus redes y sígueme”, recoge las palabras con las que Jesús llamó a los primeros discípulos, que tuvieron que dejar atrás sus seguridades para comenzar una aventura que cambiaría la historia.

La llamada de Dios siempre tiene algo de dejar redes. Las redes representan nuestras seguridades, nuestros planes, aquello que nos ata a lo conocido. Seguir a Cristo implica confiar en que Él sabe conducir nuestra vida mejor que nosotros mismos.

San José vivió exactamente esta experiencia. Dejó sus propios planes para acoger el misterio que Dios ponía en sus manos. Aceptó una misión que no había imaginado: cuidar del Hijo de Dios y sostener el hogar de Nazaret. Su vocación fue silenciosa, pero decisiva para la historia de la Salvación.

También hoy el Señor sigue llamando. Llama a jóvenes que escuchan en su corazón la invitación a dejar redes para ser sacerdotes y servir al Evangelio y al Pueblo de Dios. El Seminario es el lugar donde esa llamada se discierne y se cultiva, y por eso toda la comunidad cristiana está invitada a acompañar este camino con oración, cercanía y apoyo.

El Día del Seminario nos recuerda que las vocaciones nacen en comunidades vivas, donde se reza, se celebra la fe y se vive el Evangelio con alegría. Pidamos hoy la intercesión de San José para que cuide de nuestro Seminario, sostenga a quienes se están preparando para el sacerdocio y ayude a muchos jóvenes a escuchar sin miedo la voz del Señor.