Luis Mosquera Caramelo (1900-1936), natural de A Coruña, será el primer magistrado español elevado a los altares. El Santo Padre León XIV ha autorizado la promulgación del decreto que reconoce su martirio, paso previo a su beatificación, que tendrá lugar el próximo 7 de noviembre de 2026, junto a otros 79 mártires de la diócesis de Santander, asesinados durante la persecución religiosa de 1936 y 1937.

Nació en A Coruña y fue bautizado en la parroquia de San Jorge, donde comenzó su vida cristiana. Hijo y nieto de magistrados, estudió Derecho en la Universidad de Santiago de Compostela e ingresó en la carrera judicial por oposición.

Ejerció como juez en distintos destinos, entre ellos Quiroga (Lugo), donde llegó a ser destituido por manifestar públicamente su fe católica, pues tenía una placa del Sagrado Corazón de Jesús en la puerta de su casa. Más tarde fue restituido y destinado a Santoña donde destacó por su rectitud profesional, su defensa de la justicia y su profunda vida cristiana. Prestó asesoramiento jurídico al párroco, don Francisco González de Córdova, frente a los abusos y persecuciones que sufría la Iglesia. Asimismo, denunció las deplorables condiciones en las que se encontraban los presos preventivos, muchos de ellos inocentes.

Cuando comenzó la persecución religiosa tuvo la posibilidad de huir, pero decidió permanecer junto a su esposa y sus cinco hijos, fiel a sus convicciones cristianas. Fue detenido el 13 de noviembre de 1936, encarcelado primero en el Penal de El Dueso y posteriormente trasladado al barco-prisión «Alfonso Pérez», donde fue fusilado el 27 de diciembre de 1936. Sus restos reposan hoy en la iglesia del Santísimo Cristo de Santander.

La causa de beatificación, iniciada en 1996, reconoce el testimonio de 80 mártires: 67 sacerdotes, 3 religiosos carmelitas, 3 seminaristas y 7 laicos, entre ellos Luis Mosquera. Todos ellos dieron la vida por permanecer fieles a Cristo en uno de los períodos más dramáticos de la historia de España. Esta beatificación constituye un motivo de gratitud para la Iglesia y, de manera especial, para nuestra tierra gallega.

Su ejemplo recuerda que la santidad también puede vivirse en el ejercicio de las responsabilidades civiles, defendiendo la dignidad de las personas y permaneciendo fiel a la propia conciencia hasta el final. Su vida demuestra que la fidelidad a Cristo y el servicio a la justicia no solo son compatibles, sino que pueden llegar a ser un auténtico camino de santidad.