Hay semanas en las que la Iglesia nos recuerda verdades que el mundo prefiere olvidar. La primera semana de noviembre es una de ellas. En pocos días celebramos a Todos los Santos, conmemoramos a nuestros difuntos, adoramos a Cristo presente en la Eucaristía y rezamos por las Benditas Almas del Purgatorio. No son celebraciones aisladas: todas nos hablan de una misma realidad, la vida eterna y la esperanza que nace de Jesucristo resucitado.

El domingo 1 celebramos la Solemnidad de Todos los Santos, venerando a hombres y mujeres, que no son héroes inalcanzables, sino que, con nuestras mismas luchas, caídas y fidelidad, dejaron que Dios transformase sus vidas. La santidad es la vocación de todo cristiano. También nosotros estamos llamados a llegar al cielo, si vivimos cada día como quien camina hacia Él.

El lunes 2, la Conmemoración de los Fieles Difuntos nos invita a recordar a quienes nos precedieron. Hay ausencias que el tiempo no consigue borrar. Pero el cristiano no recuerda a sus difuntos únicamente con lágrimas, flores o visitas al cementerio. Los recuerda, sobre todo, con la oración y la esperanza de la Resurrección. Amar a nuestros difuntos incluye rezar por ellos.

Durante la semana continuaremos con la Novena por las Benditas Ánimas del Purgatorio, cada día, antes de la Misa de las 20 hs. El jueves 5 tendremos Adoración Eucarística de 20,30 a 22 hs. Y el viernes 6, a las 20 hs., celebraremos el Solemne Acto General de Ánimas. Hablamos mucho de bienestar y procuramos evitar todo lo que nos recuerda nuestra fragilidad. Sin embargo, tarde o temprano, todos nos enfrentamos a las grandes preguntas: ¿qué hay después de la muerte?, ¿volveremos a encontrarnos?, ¿se pierde para siempre el amor que hemos compartido? La fe cristiana no nos ofrece respuestas vacías ni consuelos fáciles. Nos anuncia algo mucho más grande: Cristo ha muerto y ha resucitado, la muerte no tiene la última palabra. Por eso rezamos, celebramos la Eucaristía y encomendamos a nuestros difuntos a la misericordia de Dios.

Queridos feligreses, esta semana os invitamos a venir a la Parroquia con los recuerdos y el amor hacia vuestros difuntos. Invitad también a vuestros familiares, amigos y vecinos. Que nadie tenga que rezar solo por sus seres queridos y que ninguna alma quede olvidada en nuestras oraciones. Hagamos de nuestra Parroquia una gran familia que recuerda, reza, encuentra consuelo en la fe y mira al futuro con esperanza. Que esta semana no sea solo un recuerdo de quienes se fueron, sino una llamada a vivir mejor, reconciliarnos, amar más y prepararnos para el encuentro definitivo con el Señor.