El 2 de febrero, la Iglesia celebra la Presentación del Señor en el templo, una fiesta profundamente enraizada en la tradición bíblica y popular, conocida también como la Candelaria. No estamos ya en el tiempo de Navidad, pero sí contemplamos uno de sus grandes misterios: el Hijo de Dios que entra en el templo, que se deja ofrecer y reconocer.

María y José presentan a Jesús según la ley. No llevan riquezas, solo lo que está al alcance de los sencillos. Y, sin embargo, en ese gesto humilde se revela algo decisivo: Dios se deja acoger, se entrega, se pone en manos de su pueblo.

Simeón lo proclama con palabras que atraviesan los siglos: “Luz que alumbra a las naciones”. Por eso esta fiesta es conocida como la Candelaria: celebramos a Cristo como la Luz verdadera, que acompaña, orienta y sostiene incluso en la oscuridad. Esta luz no se queda encerrada en el templo. Es una luz destinada a todos, una luz que sale al encuentro.

Por eso no es casualidad que hoy celebremos la Jornada de la Vida Consagrada, que este año nos propone un lema tan sencillo como profundo: “¿Para quién eres?” No es una pregunta para mirarse a uno mismo, sino para orientar la vida hacia los demás y hacia Dios. La vida consagrada responde a esta pregunta con una existencia ofrecida: personas que no viven para sí, sino para el Señor y para su pueblo, especialmente para los más frágiles. Su vocación recuerda a toda la Iglesia que la vida cristiana siempre es misión y entrega.

La vida consagrada recuerda a toda la comunidad cristiana que la fe no se guarda, se entrega; que la vida no se posee, se ofrece; que seguir a Cristo es dejarse conducir por su luz, incluso cuando el camino no siempre resulta claro.

Al encender la candela en este día, renovamos también una pregunta interior: ¿Qué parte de mi vida estoy llamado a ofrecer? ¿Para quién vivo? ¿Dónde me pide el Señor ser luz humilde y constante?

Pidamos en esta fiesta que Cristo, Luz del mundo, ilumine nuestra Parroquia de San Antonio, fortalezca a quienes han consagrado su vida totalmente a Él y nos enseñe a todos a vivir con el corazón disponible.