Comenzamos la semana mirando a María. El 12 de octubre, fiesta de Nuestra Señora del Pilar, contemplamos a una mujer que acogió a Dios con un corazón disponible y convirtió toda su vida en un camino para llevar a Cristo a los demás. María no se quedó con Jesús: lo entregó al mundo. También nosotros estamos llamados a hacer de nuestra vida un camino que conduzca a otros hacia Él.

Y precisamente estos días comienza entre nosotros la catequesis parroquial. El miércoles 14 de octubre, a las 18:30 h, en la calle Andrés Gaos, 27, bajo, abrimos de nuevo nuestras puertas a los niños y a sus familias. Nos alegra comenzar un nuevo curso y volver a encontrarnos para crecer juntos en la fe.

Pero no comienza simplemente una actividad. Comienza una misión. La catequesis no consiste solamente en aprender oraciones, conocer algunas verdades de nuestra fe o preparar la celebración de un sacramento. Su finalidad es mucho más grande: ayudar a cada niño a encontrarse con Jesucristo, conocerlo, tratarlo, amarlo y descubrir la alegría de vivir con Él.

Y esta misión comienza en casa. La familia es el primer lugar donde los niños descubren qué significa creer. Una oración compartida, acudir juntos a la Eucaristía, enseñar a perdonar, dar gracias, hablar de Dios con naturalidad o acompañar a un hijo en sus preguntas pueden dejar en su corazón una huella mucho más profunda de lo que imaginamos.

Por eso, queridas familias, queremos caminar con vosotros. No estáis solos. Los catequistas, los sacerdotes y toda la comunidad parroquial queremos acompañaros en esta hermosa tarea. Os invitamos a participar, a implicaros y, sobre todo, a vivir vosotros mismos la fe que deseáis transmitir a vuestros hijos. Cuando una familia se acerca a Cristo, toda la familia puede comenzar un camino nuevo.

No tengamos miedo de sembrar. Quizá no veamos inmediatamente los frutos, pero ninguna semilla de fe sembrada con amor se pierde ante Dios. Cada palabra, cada oración, cada Eucaristía y cada gesto de testimonio pueden convertirse mañana en una luz para nuestros niños.

Pidamos a la Virgen del Pilar que acompañe este nuevo curso. Que ella nos enseñe a escuchar a Dios, a confiar en Él y a llevar a nuestros hijos hasta Jesús. Que nuestras familias sean pequeñas iglesias domésticas y nuestra parroquia, una verdadera casa donde cada niño pueda sentirse acogido, querido y llamado por Dios.

La fe se recibe como un regalo, pero también se entrega como una misión. Nuestros niños necesitan testigos más que discursos. Abramos juntos este nuevo camino con confianza y esperanza. Porque cuando una familia pone a Cristo en el centro, nunca camina sola.